septiembre 27, 2019

Editorial: Turismo y empleo, más allá del festejo

Por Ronald D. Telleria

Este año el tema de celebración del Día Mundial del Turismo es Turismo y Empleo, una relación imposible de separar por su impacto directo e indirecto en la economía de cada país. En el mundo se sabe que son como 120 millones de empleos que genera la actividad y que se proyecta llegar a más de 150 millones de empleos directamente relacionados al turismo, sin pensar en el efecto económico que generan las actividades turísticas en la empleos informales y servicios que demandan los más de 1.400 millones de turistas que se mueven en el mundo, según datos oficiales de la OMT. Un mayor crecimiento de la actvidad, indudablemente, genera un movimiento financiero en otras áreas, la inversión de capital implica muchas veces la construcción de infraestructura hotelera, caminos, aeropuertos, etc. etc. que también generan empleos temporales, pero con importante afectación a las economías familiares.

En Bolivia, según datos oficiales, el turismo habría logrado un crecimiento del 9.8% por año, de 300 millones de dólares a 802 millones de dólares en 10 años, aportando como 1.100 millones de dólares al PIB, según datos del propio Vicemnistro de Turismo, Marcelo Arze, que ve como con optimismo la celebración de este Día Mundial del Turismo en Bolivia como un motivo más para reconstruir los daños que han ocasionado los conflictos políticos en Uyuni, los incendios en la Chiquitanía y los eternos conflictos sociales que existen en varios destinos turísticos del país, que generan inseguridad en el turista. La ecuación es sencilla, a menos turistas, menos inversión, menos gasto, menos demanda, menos fuentes de trabajo. La pregunta es si el crecimiento de turismo en Bolivia hasta 2018 realmente fue una consecuencia de acciones concretas, políticas efectivas turísticas y una oportunidad para generar empleos estables, bien remunerados y que valoricen la actividad y los servicios que ofrecemos o nos quedamos satisfechos con que eventos como el Dakar que promuevan empleos informales y temporales, mientras dure esa actividad, pero no sean consistentes en el tiempo, lo que no hace sostenible la actividad. Habría que analizar en función al empleo los planes de Turismo Comunitario, el impacto en las propias comunidades que apostaron en su momento por ofrecer servicios turísticos y de los pocos que aún sobreviven. Habría que preguntarse en este día de celebración si vemos realmente al turismo como una fuente real de ingresos para fortalecer la economía del país, más allá de los recursos no renovables y si las políticas de Estado han acompañado su valoración o estamos viviendo en una burbuja e fantasía creyendo que somos el mejor destino del mundo porque recibimos 4 WTA y crecemos -supuestamente- más que el promedio.

Habría que preguntarles a los empresarios cuántas empresas se cerraron en los últimos años, cuánto afecta el doble aguinaldo a sus arcas, cuántos prefieren hacer de gerente, counter, cobrador, guía o hasta de chofer para evitar la carga social que genera tener empleados. Habría que preguntarles a las miles de familias que vieron afectados sus ingresos debido a los conflictos sociales de más de 10 días en Uyuni, a las decenas de comunidades que no ven un turistas por más de un mes en la Chiquitania, los cientos de empleos que generaban los festivales de temporada, entre otras actividades que no se verán más ante la fauna y flora perdida, el daño causado a las aguas y la contaminación del aire, por el humo.

Entonces, este Día Mundial del Turismo, nos lleva a la conclusión de que tenemos muchas preguntas por responder y mucho más por proponer para fortalecer nuestro turismo como verdadero y estratégico sector económico del país, hacerlo sostenible y fuerte. Que los premios que recibamos sean a la calidad de servicio turístico, a la preservación de los recursos naturales y atractivos turisticos, al mejor hub aéreo de la región, premiar a los turistólogos que muestran estudios reales de la situación turística del país, que propongan políticas de Estado, que las tesis no sean proyectos de grado o compendios teóricos llenos de hojas y hojas que se quedan archivadas, que apuntemos a un turismo organizado, seguro y sostenible. Por eso concluyo, de que sí hay mucho que celebrar y es por todos aquellos que desde la posición pública o privada, académica o empírica, comunitaria, rural o citadina hacen de la actividad turística una gran oportunidad, no sólo de viajar, descansar, conocer, disfrutar; sino de una forma de vida y sostenibilidad económica para el país.

Deja un Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.