Actualmente, existen programas de desarrollo turístico y de contexto cultural que apoyan los gobiernos locales de Rurrenabaque y San Buenaventura, para acelerar el proceso y esto es muy crucial, pues las condiciones y potenciales que presenta la zona para el turismo lo ameritan, siendo este acompañamiento trascendental y muy positivo en la búsqueda del turismo responsable en Bolivia.
Sin embargo, actores importantes como son los operadores locales están aún reacios a mejorar la calidad de sus servicios, excepto algunos pocos, como es el caso de la mayoría de los que acaban de recibir una nueva certificación.
Se puede afirmar que un número importante de influyentes operadores de la región se ha mantenido estacionario con respecto a cambiar su actitud en torno a la calidad de servicios. Desde fines de los años ochenta, operadores y viajeros cultos esperan mucho más en cuanto a la práctica del turismo verde, ecológico, o responsable, por el que están pagando cuando visitan Sudamérica.
Muchos operadores locales continúan con rutinas que ya no se consideran aceptables, bajo slogans de "turismo ecológico", salvar la naturaleza, ecoturismo, y similares, tanto dentro o fuera de importantes áreas protegidas como el Madidi y Pilón Lajas, además de otras como el Río Yacuma que interesan a los gobiernos locales para la práctica de esta actividad. Se tiene por entendido que el turismo no debe causar impactos negativos en la ecología del lugar ni en la cultura locales. Estas prácticas no adecuadas (alimentar a monos, capturar anacondas y caimanes, posar con esta fauna amarrada, cortar lianas, usar machetes, guías estropeando árboles y senderos con marcas innecesarias, y otras acciones que son abusivas con la fauna silvestre o detrimentales para el bosque mismo, y por supuesto, incluir uso/venta de marihuana y otras drogas como parte de la experiencia) son herencia del mal turismo que apareció en Rurrenabaque entre fines de los ochentas e inicios de los noventa, digamos en los primeros años de ser finalmente conocido como destino interesante para un segmento aventurero de poco gasto o viajeros a la naturaleza.
Por el bien del destino, estos defectos debieran cambiarse, pues se corre el riesgo de marcar a Rurre, irónicamente, como un sitio favorito para el turismo no responsable y muy lejos de lo ecológico, a la larga detrimental para los intereses de la región. Y en esto estamos todos de acuerdo.
La imposición de reglamentos y otros dispositivos para mitigar lo negativo del turismo irresponsable todavía no ha dado resultados esperados y, francamente, quizás no haya mejores visos a este respecto. Creo que es motivo de repensar radicalmente y presionar por el cambio, siguiendo o mejorando estrategias y acuerdos que sean de beneficio para todos los actores del desarrollo turístico regional y el destino mismo.
En Bolivia y en los Andes, existen muy pocos sitios con las condiciones de Rurre que facilitan la implementación de rutinas de turismo a la naturaleza espectaculares y, por supuesto, incluyendo elementos culturales que son bastante atractivos y únicos. Por más de 20 años, he viajado y trabajado en todos los destinos competidores cercanos a Rurre, donde inclusive sin muchas condiciones (osea, poca fauna o fauna difícil de verse, muy lejanos de los mercados, más caros en transporte fluvial, sin aeropuertos, ni aerolíneas, o carreteras, etc.), se ha construido albergues para 20-25 personas mejor equipados, con guías más profesionales y transportes más cómodos; por mencionar algunos. Inclusive en sitios donde han comenzado mucho después que Rurre en el turismo.
¿Qué está en la mente de operadores reacios de Rurre y áreas de influencia? Esto resulta intrigante. Tomo en cuenta entrevistas que hacía por el año 1995 a algunos de ellos, mientras visitaba campamentos precarios en el Tuichi y Yacuma. No era el único que sugería opciones o críticas constructivas, pues igualmente muchos viajeros ya manifestaban; luego de su experiencia en la selva y pampas, que los servicios debían mejorarse. Adicionalmente, experimentados operadores opinaban que los tours a la selva o pampas deberían ser más genuinos o realmente "ecológicos", comprendiendo que todavía no habían guías naturalistas ni infraestructura adecuados, pues finalmente estas dos limitantes no les preocupaban más que las propias rutinas irresponsables que experimentaban. Es difícil creer que, en tantos años, operadores locales no hayan tomado en cuenta comentarios o reclamos de sus clientes y así tomar una actitud de mejorar sus servicios que es lo que normalmente haría cualquier líder de empresa.
Oportunidades no le faltan a Rurre, que desde 1995 comenzó a recibir la visita y contacto con un interesante conglomerado de pioneros del ecoturismo en las Américas, consultores independientes, operadores internacionales de mucha experiencia, y por supuesto ONGs que iniciaron nuevos nichos involucrándose en el turismo a la naturaleza, desarrollo sostenible, desarrollo social, desarrollo municipal como opciones. Quizás como ningún sitio en toda Bolivia, inclusive en otros países con destinos similares, Rurre ha tenido un crecimiento vertiginoso en turismo que prácticamente le ha cambiado la historia y también ha albergado tantos eventos específicos sobre desarrollo turístico.
La ausencia sistemática de algunos operadores a eventos de capacitación y otros relacionados a promover el saludable cambio en el turismo, ha sido muchas veces bastante manifiesta, inclusive hasta hostigando a sus propios guías que tomaron la decisión de capacitarse.
Algunos actores continúan con el argumento que ciertos albergues han tenido logros debido al financiamiento, lo cual es cierto, pero también se debe tomar en cuenta que varios operadores en la región, de modo individual, llevan el doble, triple, o hasta más veces de turistas por año que albergues bien conocidos, lo cual demuestra su capacidad como empresarios. Entonces, teniendo esto en ventaja, resulta curiosa su actitud reacia o rebelde -que no tiene justificación- pues finalmente estos podrían ser efectivos y sanos participantes del desarrollo turístico, siendo además personas inclusive más expuestas a los negocios que muchos otros actores de esta actividad en la región.
Van a ser casi 20 años que cuentan parte de la nueva historia y desarrollo económico de Rurrenabaque y San Buenaventura. Sin embargo, la imagen turística del oriente del norte boliviano todavía sigue marcándose con fotografías que muestran abusos contra la naturaleza o retratos de viajeros en pánico por la invasión de pequeños monos en botes o sus cabezas, entre otros. Estas fotos son el reflejo de rutinas y productos mediocres que le hacen daño al destino, a tal punto que estos tours son recomendados en muchas guías de viajes internacionales. No hace mucho, encuestas mostraban que los guías más irresponsables de esta parte de Bolivia resultaban los favoritos o ejemplares. Adicionalmente, algunos guías comentaron sobre la presión que tenían por parte de sus jefes para ejercer o preparar ciertos tipos de tours a la selva "a pedido del cliente" incluyendo rutinas que se considerarían fuera del reglamento. Aparte, algunos gobiernos locales con potencial similar a Rurrenabaque, como es el caso de Ixiamas, estaban considerando copiar la experiencia en sus territorios, confiando que "´ése es el tipo de turismo que atrae visitantes".
¿Hasta cuándo este tipo de turismo será considerado como aceptable por parte de autoridades del turismo y áreas protegidas en el país? Personalmente creo que, así como vamos, nos estamos estancando en llegar a mercados más cultos y más estratégicos para el país, segmento que tiene muchos deseos de pagar por más calidad para experiencias de viaje inolvidables, que es lo que el turista y un operador experimentado busca. Para escépticos, muchos operadores en Bolivia ya trabajamos con estos segmentos de mediano y alto gasto, pero tropezamos con la dificultad de demostrar que ciertos destinos son realmente para turismo ecológico o verde o de carácter cultural genuinos y no podemos venderlos por ética o profesionalismo. En segundo lugar, estamos haciendo más difícil y más costoso el camino de Rurrenabaque en consolidarse como un destino verde o especializado en el turismo responsable. Es cauto considerar que Rurrenabaque no es la única alternativa para visitar la Amazonía para el viajero que visita los países andinos. Es tonto no hacer nada para el cambio. |

Por
David G. Ricalde
Consultor de desarrollo sostenible, conservación y turismo responsable.
dricalde@hotmail.com
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